🏘️☁️Retiembla en sus centros la tierra y los edificios se mezclan con el cielo 🏘️☁️
por Emmanulle Brío
🇲🇽 El temblor fue un 19 de septiembre de 1985. El más grande del que había sabido México. En los años 90 yo iba en la primaria Plan de Once Años, en la CDMX. Los maestros nos hablaban del sismo. Cada año ocurría un simulacro. A los niños nos formaban como si fuéramos soldados en el patio. Nos daban un aburrido discurso sobre el temblor. No solo en la primaria nos hablaban de eso; en nuestras casas también se comentaba, e incluso en las televisoras nos saturaban con el tema. Yo tenía un año cuando ocurrió el sismo, así que no recuerdo nada de ese día. Mis recuerdos son sobre el impacto que tuvo en los años posteriores. Parece que se volvió una tradición que temblara cada 19 de septiembre o unos días antes o unos días después.
📖 Según Vicente Huidobro, cuando tiembla la tierra es porque nace un poeta. El primer recuerdo que tengo de un temblor es cuando tenía 4 o 5 años. Estoy con mi madre, que carga a mi hermana, un bebé de brazos y mi hermano de 15 años. Me encuentro de pie al lado de mi madre. Soy muy pequeño y tengo una imaginación grande. Recuerdo el cielo gris y mirar los edificios enormes mezclándose con el cielo, aunque alrededor de mi casa no había edificios grandes: eran casas rústicas pequeñas. Siendo niño, uno lo magnifica todo. El cielo seguramente no era gris; sin embargo, ese es mi recuerdo. Desde entonces comprendí que la mente no reproduce la realidad: la interpreta, la transforma. Cada vez que me encontré con un temblor tuve la impresión de que todo se tornaba gris. Aun así, los temblores nunca me asustaron: me parecían un fenómeno interesante, hasta divertido. Para los niños, los simulacros en los años 90 representaban un escape de la rutina, un pequeño descanso de la sombra del maestro en el aula. Y si temblaba, no habría clases; entonces era, de algún modo, motivo de celebración.
📚 Los maestros hablaban de todo lo que se habían robado los gobernantes. Decían que existió gente rescatista que sacaba a los heridos de debajo de los escombros. Decían que muchas casas se habían caído en la ciudad. Había rumores de que la gente había dado mucha ayuda humanitaria para los afectados, pero que todo había sido robado por los militares, por los políticos. El sismo es algo natural, el saqueo decisión humana. La corrupción mata todavía más que un sismo.
📆 En mi experiencia personal, los temblores no tuvieron ningún significado para mí hasta el 8 de mayo de 2014. Viví un sismo de 6.6 en la escala de Richter, estando yo en los pasillos del metro Bellas Artes. Duró 30 segundos que, sin embargo, para mí fueron una eternidad. Sé que es insignificante frente al temblor de 1985, que duró minuto y medio y fue de 8.1 en la escala Richter. El temblor del 2014 despertó mi imaginación: yo sentía que el pasillo se balanceaba como una cuerda y que yo caminaba sobre ella. Por primera vez sentí miedo ante el movimiento telúrico.
🌇 Sin embargo, el temblor del 2014 no causó daños: no se cayeron edificios y la ciudad se mantuvo en pie. Temblores posteriores causarían catástrofes, pero el único que quedó grabado en mi mente fue aquel pequeño temblor que viví encerrado en los pasillos subterráneos. Mi imaginación me hizo creer que podría morir aplastado. Salí de los pasillos, caminé alrededor del Palacio de Bellas Artes y llamé a mi expareja, porque estaba asustado y sentía terror de que algo hubiera podido pasarle. En ese tiempo, temporalmente separados, vivíamos juntos en un tercer piso, en unos departamentos del centro, y mi mente catastrófica, al salir del subterráneo sin datos de las noticias, pensaba que el edificio en el que vivíamos podía haberse caído. Cuando me confirmó que estaba bien sentí tranquilidad, y en los minutos posteriores llamé a mi familia, porque una situación de crisis te hace pensar en aquellos que amas. La libertad de llamar, de asociarse, de actuar, salva más que un gobierno mudo.
🫶🏼 Pienso que eso puede ser lo positivo de los temblores: hacernos revalorar la vida, recordarnos la magnificencia del poder de la naturaleza, la enormidad de las placas tectónicas. Pero no debemos quedarnos en la insignificancia. Somos frágiles ante la tierra, pero inmensos en la capacidad de pensar, de construir, de rehacer ciudades. Frente a la naturaleza somos vulnerables; frente al poder político jamás.
Comentarios
Publicar un comentario