TRANSFORMARSE EN ARCOÍRIS (CUENTO) - EMMANUELLE BRÍO



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TRANSFORMARSE EN ARCOÍRIS , de Emmanuelle Brío, forma parte de la antología: "Si era dicha o dolor, Paraíso Perdido Ediciones, Guadalajara 2020

I

Es tu portador. Él te maneja. Observarlo es tu trabajo. Cada segundo es fundamental para el equilibrio del mundo. Miles como tú, condenados a este trabajo sin descanso hacen lo mismo. El tema del cansancio te es ajeno, pero Individuo se queja del asunto constantemente. No tener cansancio es la principal ventaja de los que poseen tu condición. Tu portador escucha sonar la alarma y con un movimiento la desactiva, ¿o has sido tú? A veces tomas el control de su esqueleto para ayudarle mientras duerme (sea con ojos abiertos, sea con párpados abajo). Al parecer tiene poca disposición para salir de la cama. No llegas a comprender esa insensatez humana, tú siempre estás lista para salir de casa y te da igual si Individuo pasa la noche en cualquier lado, con alcohol en el cuerpo o en sobriedad. Cumples con tus funciones de mimetización, conoces cada uno de sus movimientos y cada curva de cada miembro de su cuerpo. Desde su más gruesa y larga uña del pie, hasta la pestaña del deseo que cayó de su rostro sobre esta hoja de papel hace un momento.  

Salen de la cama, Individuo se mira en el espejo, tú contemplas los cambios de tu figura en función de la luz de la habitación y de los giros voluntarios de Individuo, te transfiguras en multitud de figuras en su entorno, mientras él sólo es uno por fuera. Lo acompañas al baño, levanta la tapa, se derrama, y fragmentos grises de ti se derraman mientras el agua va al agua. El individuo entra a la regadera, la experiencia te gusta, miles de fragmentos de tu materia caen sobre ti, se mezclan con tu sustancia y por un instante se vuelven una pieza contigo. El individuo tiene unos cuantos pelos en la cara, sin embargo se afeita al terminar la ducha, piensa que logra una intervención estética. A ti en lo personal te resulta muy simpático verlo en esté ritual una vez a la semana. Termina el afeitado. Se calza y peina, con ello modifica tus formas. Toma una mochila que te disgusta porque sientes que ensancha tu figura, al menos los humanos pueden vestir de negro para lucir más delgados,

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pero a ti nadie te pide tu opinión respecto a los cambios que sufrirás a lo largo del día, te cae mal esa necedad de usar mochila y engordar tu espalda cuando un bolso bandolero favorecería tu estética.

Caminan unas pocas calles, empedradas, desde luego, entre casas decoradas con tonos tradicionales, amarillo huevo con blanco. En el camino se cruzan con algún altar fanático religioso de esos que abundan en CDMX, cuántas flores y veladoras abarrotadas, el negocio de los milagros debe ser muy bueno, afortunadamente las sombras no creen en los milagros ni necesitan preocuparse por negocios. El paseo llega a su fin en un café de internet en la avenida de La Viga. Individuo se sienta ante un ordenador y la luz del monitor te obliga a mantener un perfil bajo, un poco oculto bajo los dedos tras la espalda de tu portador. Aún así alcanzas a percibir la búsqueda de Individuo, parece que ha entrado a una página nueva, de esas que dentro de unos años pasarán de moda y que nadie recordará cuando llegue la época de llamarlas «red social». Ha tecleado www.latinchat.com y al parecer está entrando en la «sala gay». Son los primeros años del segundo milenio que a penas gatea y en CDMX la cosa de los cafés de internet es algo nuevo y no muy barato, sin embargo, muchos muchachos están en línea, la sala está llena, Individuo fue de los últimos admitidos. No se atreve a escribir, se limita a observar los comentarios. Parece que pululan cursilerías y pretenciosos egos en la sala, sin embargo, Individuo al fin envía un mensaje privado, por más que quisieras darle espacio y no enterarte de lo que escribirá, te enteras, porque las sombras no pueden tomarse unas vacaciones ni un descanso, al menos los humanos tienen derechos humanos laborales y todos esos artilugios sagrados que no están al alcance de las sombras como tú. Individuo pasa quince minutos tecleando, pretendiendo una conversación profunda con el flaco desconocido de piel pálida que se encuentra en algún otro rincón de la CDMX. Parece que Individuo no es muy difícil y Fulano del Chat tampoco, pues le da el número de teléfono de su casa y quedan de encontrarse para comer en Subway e ir al cine. Tú continúas bajo los dedos, piensas: «Me aburro», pero las sombras no piensan y tampoco tienen lengua, así que te limitas a observar.

II

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Individuo finalmente marca por teléfono, la voz de un muchachillo torpe le responde, no quisieras escuchar pero también te encuentras en los oídos y orejas. Desde luego, escuchas y callas. Será una conversación cursi,  Individuo vivió todo esto antes de la era del Grindr y de la colonización que dio origen al poderosísimo y peligroso Imperio Gay. Individuo supo de otros tiempos, fue «fundado, enfundado, sitiado, conquistado y engalanado para recibir ejércitos», pero eso lo atestiguó otra sombra. Sucede la llamada:

Individuo: Hola soy el muchacho del chat.
Fulano de Chat: Ah, sí. Estaba esperando tu llamada.
Individuo: (Susurra, mientras se rasca la cabeza y le tiemblan las piernas). Me gusta tu voz.
Fulano de Chat: ¡Qué cosas tan lindas dices!

Continúan diciendo una serie de estupideces estrambótico-diabéticas imposibles de rebobinar en tu memoria de sombra. Las sombras no suelen poseer cerebros olímpicos y por ello son muy selectivas con sus museos de la memoria. Recuerdas muy bien la vez que Individuo se cayó por las escaleras y se golpeó la cabeza mientras estaba en el cuarto grado de primaria. Una caída muy ordinaria pero divertida para ti. Individuo se levantó y se cercioró de que nadie lo mirara antes de sobarse aunque le zumbaba la cabeza. Tú reíste desaforadamente, desde luego, sin ruido, porque las sombras tienen tendencia natural hacia el sigilo. Pobres de las sombras de las hojas de otoño, no tienen sosiego, cada que alguien pisa las hojas genera un crujir insoportable y tú disfrutas el silencio. Puedes tener algunos ratos largos de tranquilidad mientras Individuo no ronca. Las noches que Individuo ronca se vuelve realmente insoportable, pero siempre existe la posibilidad de despertarlo para que se calle, como la vez que con tu despliegue de fuerzas atrajiste la sombra de una araña para que se metiera en su nariz. Te costó trabajo porque a las arañas no les encantan las zonas húmedas, pero la complicidad entre sombras es muy funcional (a diferencia de la complicidad humana que suele ser algo muy difícil de lograr), las sombras tienen tendencia

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natural a empatizar con otras sombras y ayudarse hasta en los crímenes contra los ronquidos. Como sea, la táctica funciona, fin del recuerdo. Al fin termina el derrame de miel dialéctica y tu portador cuelga el teléfono público. Uno de esos teléfonos de monedas que en el principio del milenio aún pululaban en CDMX.

Individuo aborda un microbús, está vació y tiene la suerte de sentarse, a veces los transportes pasaban llenos en aquella época medieval, y había que viajar parado o de pie en el breve trayecto de camino al metro, muchas veces constataste que Individuo no tenía inconveniente en viajar parado, o en aceptar una mano amiga en el camino. Te gustan los paseos en el transporte público, miles de sombras se mezclan unas con otras, en el piso todas las sombras son iguales, como los hombres mientras duermen, eso pensaba Sor Juana y también el poeta árabe Mahmud Darwix. El sueño no discrimina y las sombras tampoco, el asunto de las superioridades étnicas no afecta a las sombras, parece que la segregación es un asunto exclusivamente humano. En el piso del metro, cuando el vagón va lleno, todas las sombras se vuelven una, y la unidad las vuelve una enorme sombra que no tiene miedo de la luz. El momento en que las sombras se integran en el tren, la unidad derrama sobre ti «un soplo de vida», porque para las sombras la vida viene de la integración, la pluralidad conforma el «Eso» de las sombras mientras que la segregación conforma el «Eso» de los hombres. Las sombras escuchan la poesía: «Salir de mí, buscarme entre los otros». Las sombras conservan, cada minuto y cada día (mientras cumplen con sus obligaciones infranqueables) su inagotable capacidad de asombro.  

III

Miras a Individuo y Fulano de Chat atravesar por el extraño ritual humano de comer juntos en el Subway de la calle Gante, ríen sin motivo, acercan sus rostros y están a punto de besarse una y otra vez, sin embargo uno de los dos retrocede y se concentra en comer.  Los escuchas hablar de El principito, de la domesticación de los amantes y de las rosas egoístas; hablan Wilde y de la homosexualidad condenada a Reading, de los hombres que matan

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cuando aman; mencionan la última cena, unos hombres comiendo y bebiendo el cuerpo de otro hombre; hablan de Chopin que pensaba que tener sexo reducía su capacidad creativa y dedicaba sus obras al goce del espíritu; hablan de Beethoven y de lo excesivamente melodramático y bello de Quasi una fantasia. Sus fascinaciones te son ajenas, ni siquiera tienen sombra y todas las cosas importantes deberían tener sombra. Te preguntas ¿Qué harían los humanos sin la sombra del árbol para refrescarse bajo el ardiente sol?

Individuo y Fulano de Chat caminan por la Alameda Central, flotan bajo las sombras de los árboles a las que no prestan atención. Llegan al cine, miran una película que no recuerdas. Individuo suda y teme que Fulano de Chat no se sienta interesado en él. Fulano de Chat toma su mano, y en ese momento las palomitas y las bebidas de los amantes empiezan a flotar y a girar a su alrededor, estilo Naturaleza muerta de Remedios Varo, sin embargo ellos lo consideran normal y sólo tú, desde tu condición de sombra, prestas atención al suceso. Los amantes se dan un beso y cierran los ojos, en ese instante en el techo de la sala de cine se abre una grita gigantesca y entra el sol iluminando a todos los espectadores, que no dan importancia al acontecimiento, pues están concentrados en la proyección. Dentro de unos años presenciarás cuando los amantes conversen y hablen de lo extraño del suceso que en su momento les pareció algo ordinario, pero para todo eso falta que se cristalicen  muchos crepúsculos y soles.

Al salir de la función, los individuos caminan por las calles del centro de CDMX, llegan a la colonia Doctores, en donde vive Fulano de Chat, quien invita a Individuo a su casa, pero Individuo tiene miedo de que sea un descuartizador o alguna aberración urbana inimaginable, así que le sugiere ir a un hotel en Tlalpan, tú te has aburrido de los paseos y preferirías que entraran ya mismo a la casa cercana, pero no ocurre así. Una vez dentro de la habitación de hotel, Individuo llama a sus padres para indicar que a causa de una fiesta privada no llegará a casa. Miras a Fulano de Chat rodear los hombros de individuo y empezar a estrujar su cuerpo con un fuerte abrazo. Como sombra te aburre el suceso, sin embargo, conforme Fulano de Chat retira poco a poco la ropa de Individuo, le recorre la piel canela con su lengua, descendiendo desde el airado cuello hasta el erecto tronco

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enardecido, algo extraño modifica tu condición de sombra. Se funden en una pieza los amantes y tu color oscuro se torna morado. Los amantes jadean, la habitación tiembla, tu insensibilidad transmuta en un placer inexplicable. Te fundes con la sombra de Fulano de Chat, que hasta hace unas horas te resultaba indiferente. En el inesperado colapso de ambas sombras la  oscuridad se torna rayos luminosos de colores y brota un arcoíris que inunda la habitación. Individuo grita, tú desprendes gotas de colores y segundos después regresas a tu oscuridad. Individuo y Fulano de Chat mantendrán el nuevo ritual de luz durante un corto mes. La posibilidad de dejar de ser sombra y convertirte en arcoíris cada tercer día te agrada, sin embargo Individuo y Fulano de Chat un día discuten por algo estúpido que no recuerdas, no están dispuestos a escucharse, porque en las ciudades grandes los humanos tienden a ignorarse y nuestros protagonistas no son la excepción. Pasarás unos meses en íntegra condición de sombra antes de volver a transformarte en arcoíris.

FIN

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